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Desde la vuelta, ya hace más de un mes, de nuestra visita de Genbukan España y Portugal a Japón, llevo meditando sobre la orientación que dar a mi artículo-vivencia de mi estancia en el país del sol naciente, que pueda llevar a todos los miembros que lo lean a una ayuda sobre lo que supone un viaje de esta envergadura y esta trascendencia para un artista marcial fascinado por el pasado militar japonés y las artes que dieron vida a ese microsistema que tanto nos llama a los occidentales. Por fin hoy me he puesto delante del editor de texto para tratar de concatenar algunas cuantas frases que puedan servir de pre-experiencia para los miembros que en un futuro decidan dar ese gran paso.
Un día a mitad de viaje, comiendo todos juntos en un restaurante pseudo-occidental (lo de pseudo-occidental es porque trataba, con no demasiado éxito, de dar una imagen de restaurante estadounidense, así como a sus platos, aunque después de una semana comiendo sushi, sashimi, ramen y udong, aquellas hamburguesas sabían a gloria y no porque nos desagradara la gastronomía nipona sino por nuestro apego a nuestras costumbres hispanas, y no solo en la comida se demostró esto), sensei fue preguntando uno a uno que estábamos aprendiendo en Japón. Parece una pregunta simple, pero todos los que fuimos preguntados no dudaremos en que entraña una dificultad inherente, y es que a veces las emociones son difíciles de transmitir en el vasto medio vehicular del habla.
Particularmente fue algo que llevaba ya una semana preguntándome, y día a día fui obteniendo nuevas respuestas, que debido a ser incompletas me hacía preguntarme de nuevo al día siguiente para analizar de esa peculiar forma mi estancia en Japón.
Cuando me tocó mi turno de respuesta no deje de sentirme meditativo e introspectivo, a pesar de ser de los últimos en ser preguntado y que ya había dispuesto de unos racionales instantes para buscar una respuesta óptima. En ese momento hice un esfuerzo de apertura emocional, tratando que fuera mi corazón el que hablara y con la mente centrada en ser tan solo el vehículo. Esto me llevó a dar una respuesta curiosa pero que después de mes y medio creo que fue bastante acertada según considero ahora, siempre teniendo en cuenta las limitaciones del lenguaje oral. Mi contestación fue que este viaje y la consecuente inmersión dentro de la cultura japonesa me estaban dando variadas respuesta sobre los orígenes culturales del pueblo japonés analizado desde un punto de vista histórico y antropológico.
Sí, yo también considero que o bien mi corazón o bien mi mente a veces se comportan de forma extraña para afrontar ese tipo de situaciones, pero eso mismo también me lleva a una reflexión personal sobre ello que también me aporta grandes respuestas sobre mi persona. Y para mí eso fue lo realmente importante de mi respuesta en ese momento. Ya que la reflexión no tiene precio y mucho menos las respuestas de ella.
Independientemente de lo que para mi fuera realmente importante, no dejo de confirmar mi sentencia en ese momento, que conseguí un estado de Tada Ima (el momento) personal. Si leemos de forma detenida la respuesta podemos entender muchas cosas. Mi intención fue sencilla. Considero que ese viaje tiene un precio ilimitado, porque determinadas vivencias tienen una repercusión personal y colectiva que va más allá de simples hechos pasados. Hablo en concreto de los momentos compartidos, hablo de las experiencias en el tatami, hablo de las conversaciones tenidas, hablo de los momentos de reflexión, de los paseos solo. Y sobretodo hablo de la certeza que la única forma de poder comprender una cultura con unos cimientos diametralmente opuestos a los que se fundamenta la nuestra, una cultura con unas circunstancias particulares y que determinaron su fundación y crecimiento y con esos matices marcados, solo pueden ser vistos con ojos experimentados, tras haberse sumergido en sus aguas, tras haber tratado con ellos, no desde un punto de “Konnichiwa to Sayonara”, desde un punto de vista de analizar su forma de vida y comportamiento en el día a día, yendo al trabajo, al supermercado, jugando con los niños o paseando al perro. Y sobretodo con la interacción de esos momentos con uno mismo.
Es ahí donde toma sentido mi respuesta. Yo como estudiante fascinado desde niño por dicha cultura, así como otras, a pesar de la relativa escasa duración del viaje, a día de hoy puedo decir que he encontrado algunas respuestas sobre mi estudio. Respuestas que me llevan a nuevas preguntas, preguntas que me llevan a nuevas búsquedas, a nuevas reflexiones, sobre ellos y sobre mí mismo. Reflexiones que me conducen a esa vía de auto perfeccionamiento y autoconocimiento. Que para mí es uno de los grandes tesoros que nos son legados.
No tengo duda que si sensei me volviera a preguntar hoy sobre lo mismo le diría lo mismo, pero seguramente si lo hace mañana, y gracias a escribir este artículo definitivamente, la respuesta será ligeramente diferente, sencillamente, por la reflexión que la redacción de este me ha hecho llevar y me llevará a lo largo de este domingo.
Luis Nogueira Serrano
Takaharu Dojo Valencia
Genbukan Ninpo Bugei
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